¿Cuál es la diferencia entre suicidio y eutanasia? Una perspectiva teosófica sobre esta cuestión

 Saskia Campert – Países Bajos

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Saskia Campert 

En los últimos años, el número de personas en los Países Bajos que optan por quitarse la vida ha ido en aumento. Las razones más citadas suelen ser el deseo de evitar más sufrimiento, el anhelo de no ser una carga para los demás y la falta de sentido a seguir viviendo. Un factor adicional es que el gobierno facilita esta tendencia, incluso en casos que involucran a niños pequeños. En los Países Bajos, el término *zelfmoord* (suicidio) ha sido reemplazado en gran medida por el más suave *zelfdoding* (autodestrucción). Esto es meramente una cuestión de semántica; todos sabemos lo que significa: decidir poner fin a la propia vida y tomar medidas para hacerlo. Antes de examinar el creciente problema de la eutanasia desde una perspectiva teosófica, es útil situar el tema en un contexto más amplio.  

Perspectiva general 

El cristianismo siempre ha mantenido una postura clara: el suicidio atenta contra la soberanía de Dios y, por lo tanto, está condenado. La vida se considera un don divino por el cual debemos estar agradecidos. En consecuencia, el mandamiento de Jesús «No matarás» se aplica no solo al asesinato, sino también al suicidio. Históricamente, a quienes se suicidaban no se les permitía ser enterrados en cementerios cristianos. Sin embargo, hoy en día, algunos cristianos adoptan una visión más matizada del tema. El martirio o el suicidio altruista, por ejemplo, son temas que merecen reflexión, aunque no es el lugar para abordarlos aquí. El islam, el budismo, el hinduismo y el judaísmo condenan el suicidio. En resumen, diversos grupos religiosos coinciden en este punto: rechazan el derecho a quitarse la vida. Si bien las personas pueden tener sus propias razones para ello, la postura de estas religiones es clara y coherente. La mayoría de la humanidad reconocería esta posición.  

Perspectiva moderna (médica) 

Quienes conciben la vida como una breve y única estancia en la Tierra que culmina definitivamente con la muerte, suelen tener pocas objeciones al suicidio. Desde esta perspectiva, el sufrimiento físico o mental severo carece de sentido, lo que hace racional ponerle fin. Además, la Tierra está superpoblada —con una población de 8300 millones de personas— y los enfermos o ancianos representan una carga (económica) para la sociedad.

Una ventaja adicional es que la ciencia médica cree poseer el conocimiento suficiente para que la muerte parezca indolora. Al parecer, utilizar este conocimiento médico excepcional para aliviar un sufrimiento intenso —y así eliminar el deseo de morir— no se considera una opción.

Dado que los términos «suicidio» o «autodestrucción» provocan escalofríos en muchas personas, la comunidad médica ha adoptado la palabra griega *eutanasia* (*eu* = bien, *thanatos* = muerte). En la antigüedad clásica, la palabra simplemente significaba una muerte repentina e indolora. Fue solo en la época moderna que adquirió su significado actual: una muerte deseada provocada por la intervención de un médico.  

Teosofía 

La cosmovisión teosófica se basa en varios temas clave, como una Fuente incognoscible o Demiurgo (una Inteligencia guía), ciclos eternos y las leyes del karma y la reencarnación. Los seres humanos en la Tierra no son seres nuevos; más bien, a través de sus almas inmortales, son continuaciones de encarnaciones anteriores durante las cuales acumularon karma mediante sus acciones y pensamientos. Esta vida tiene como propósito saldar una parte de ese karma pasado (karma prarabdha), al tiempo que crea nuevas causas cuyas consecuencias se experimentarán en futuras encarnaciones. 

Escapar del karma prarabdha es tan imposible como intentar cambiar la trayectoria de una flecha una vez lanzada; simplemente no se puede. Desde una perspectiva teosófica, la única actitud apropiada es aceptar la vida que nos espera y vivirla lo mejor posible. ¿Acaso Jesús no habla en la Biblia (Mateo 26:39) de la obligación de beber hasta la última gota de su copa? ¿Qué sucede si rechazamos esos últimos sorbos? No hay infierno ni condenación; en cambio, el karma prarabdha restante que no resolvimos se almacena. En nuestra próxima encarnación, resurge, sumado al karma ya destinado para esa nueva vida. En resumen, nuestra próxima encarnación se vuelve doblemente pesada. Una perspectiva nada agradable. 

Respuesta a la pregunta planteada 

En mi opinión, prácticamente no hay diferencia. Una distinción menor radica en que el suicidio conlleva una muerte deseada mediante un acto realizado por la propia persona, mientras que la eutanasia conlleva una muerte deseada mediante un acto realizado por un médico. La intención subyacente y el resultado son los mismos en ambos casos.

Para mí, sigue siendo una incógnita cómo deberían sentirse los médicos y enfermeros al practicar la eutanasia. Me parece muy difícil llevarla a cabo cuando uno ha sido formado para cuidar y curar a las personas. Quienes desean morir no parecen tener en cuenta este aspecto al tomar su decisión.  

Quienes profesan una cosmovisión religiosa o teosófica se sorprenderán de la actitud positiva hacia la eutanasia (y, por extensión, hacia el suicidio) en el mundo occidental, como si se tratara de un derecho establecido que se aplicara incluso a los menores.

Desde una perspectiva teosófica, quitarse la vida prematuramente no puede ser una solución, pues nadie puede escapar de su destino (karma). Todas las religiones reconocen esto y desde hace mucho tiempo intentan disuadir a sus seguidores del suicidio, ya sea cometido en solitario o con la ayuda de otra persona. En los Países Bajos, sus sabios consejos se escuchan cada vez menos.

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