Dilma Rousseff y Radha Burnier

Jan Nicolaas Kind - Brasil

"La práctica de la paz y la reconciliación es una de las acciones humanas más vitales y artísticas”

Thich Nhat Hanh - Monje vietnamita, activista y escritor

A principios de este año, en un impresionante discurso de inauguración pronunciado ante el Congreso del Brasil, la recientemente elegida  primera mujer Presidente de Brasil, Dilma Rousseff, dejó muy clara su intención de ser Presidente de todos los brasileños. Emocionada pero resuelta, hizo una petición, tendiendo la mano a sus opositores políticos, pidiéndoles su ayuda para construir un Brasil justo y más próspero. Aunque no seguían sus mismos pasos políticos, la Sra. Rousseff reconoció que, para poder conseguir sus objetivos, es esencial contar con una oposición alerta y eficaz.


Dilma Rousseff

Brasil es un país magnífico y muy extenso con una economía en auge. Es ampliamente conocido por sus celebraciones exóticas del carnaval y por su fútbol, que se ha convertido en una forma de arte. Al mismo tiempo, está luchando con la pobreza, con el hambre, con la desigualdad social y la violencia. Sobre todo, está padeciendo la peor de todas las enfermedades: una corrupción de largo alcance extendida por todos los niveles de su sociedad y encabezada por una arrogante élite política.


La campaña electoral del año pasado, en particular la segunda ronda, en la que José Serra, del partido social demócrata, era el opositor de Dilma Rousseff, fue desagradable, y estuvo llena de chismes groseros, insinuaciones, acusaciones, ataques personales, medias verdades sobre la salud de la Sra. Rousseff, y hasta un debate por televisión donde participaron ambos candidatos, pero en el que se ignoraron del todo, limitándose a hablar directamente a la cámara o únicamente a través del moderador.

A diferencia de su predecesor, el populista Louis Ignacio Lula da Silva, que tenía altos niveles de popularidad, la Sra. Rousseff mantiene un bajo perfil. Se la conoce por su planteamiento tenaz y pragmático, por su comportamiento franco y por su honradez.

El 2 de febrero de este año, cuando Folha de Sao Paulo, uno de los periódicos más influyentes del Brasil, celebró su 90 aniversario, la Sra. Rousseff, durante una reunión organizada por ese periódico en Sao Paulo, la ciudad más grande del continente sudamericano, se dirigió a un gran número de escritores, intelectuales, y periodistas. En su discurso subrayó la necesidad de una oposición fuerte y bien organizada, para poder hacer funcionar la democracia. Afirmó que su partido, el Partido Laborista, simplemente tendría que acostumbrarse a la crítica, vivir con ello y aprender de ello. Según la Presidente del Brasil, ridiculizar o ignorar a quienes piensan de forma distinta es altamente contraproducente.

Como está permitido en cualquier ambiente democrático, yo soy libre de decir que la Sra. Rousseff no es mi opción política. En temas básicos, discrepo con ella y con la política de su partido. En particular, observo con gran prudencia algunos de sus compañeros de trabajo y consejeros, mientras el fantasma de la corrupción acecha por todas partes. A pesar de mis reservas, entendiendo que fue elegida democráticamente, la respeto y tengo un alto concepto de su disciplina, de su sacrificio, de su capacidad de gobierno y de sus ideales. En particular, su deseo de ser Presidente de todos los Brasileños y su buena disposición para ser informada objetivamente desde todas partes es admirable.

Cualquier administración u organismo dirigente, ya sea de un país o de un grupo de gente organizada en una sociedad como la ST, por ejemplo, puede funcionar adecuada y democráticamente sólo cuando hay espacio para la crítica y la oposición constructiva. Si se carece de estos elementos, no hay democracia, sino autocracia.

En octubre del 2010, en una reseña bastante insólita y tendenciosa publicada en su revista, The Theosophist (132.1), * la  actual Presidente Internacional de la Sociedad de Adyar, Radha Burnier, dijo que ella creía que los miembros del Consejo General que no siguen su línea de pensamiento, sino que hacen preguntas sobre su manera de proceder, no han entendido los Estatutos tal como fueron formulados por el primer Presidente H. S. Olcott, hace más de cien años. Su artículo relaciona esta situación con nuestro mundo actual, donde los individuos que tienen falsas motivaciones fingen actuar por el bien de la sociedad humana, mientras que casi todos, en su opinión, deberían ser capaces de ver más allá de estas falsas pretensiones. Con ello, está cuestionando gravemente la integridad, los motivos y las intenciones de todos los que hacen preguntas.

La Sociedad Teosófica tiene un potencial extraordinario para trabajar en pro del bienestar y del desarrollo de la conciencia de la humanidad. Gracias al trabajo incansable de sus tres fundadores principales H. P. Blavatsky, Henry Steel Olcott, y William Quan Judge - y los innumerables e incansables trabajadores que vinieron después, se consiguió establecer una red mundial que sería un sueño para otras organizaciones. Al mismo tiempo, la Sociedad de Adyar hace décadas que lidia con una disminución de sus miembros, al parecer con la excepción de la Sección de la India, y con una enfermedad letal para cualquier organización, a saber, las luchas internas.

Las elecciones de 2008 para el cargo de Presidente Internacional, las primeras elecciones durante la era Burnier con la participación de dos candidatos, fue un desagradable ejemplo. En diciembre de 2007, como una especie de preludio de lo que había de llegar, se había desatado un debate acalorado sobre los dos candidatos. Los chismes, la insinuación sobre intenciones, acusaciones y medias verdades sobre el estado de salud de Radha Burnier, se propagaron vía el correo e Internet. La misma Presidente Internacional, mal aconsejada, contribuyó a la confusión, distribuyendo una carta  especificada como "personal" el 12 de marzo de 2008, en la que, con bastante ironía, cuestionaba la candidatura del otro candidato. Esta nota desafortunada creó todavía más  malestar y confusión. Además, existía cierta incertidumbre sobre la relación que existe entre Radha Burnier como Presidente Internacional de la Sociedad de Adyar, en tanto que institución democrática, y su incuestionable autoridad como jefe externo de la Escuela Esotérica. Muy pronto, la más grande y la más influyente de todas las organizaciones Teosóficas se había tornado en un campo de batalla, donde los miembros acabaron por dividirse en dos campos: los que conspiran y los que son victimizados por las conspiraciones.

A diferencia de lo que se esperaría de los Teosófos, tres años más tarde, en 2011, esta división sigue existiendo en la mente de muchos miembros del grupo de Adyar. Sobra decir que esto es una vergüenza, porque demuestra que una de las más impresionantes de todas las ideas Teosóficas, el nexo natural que une toda la vida, no se ha entendido. La idea de que hay que estar a favor o en contra de un Presidente Internacional que preside la Sociedad de Adyar no es teosófica. Los que administran la Sociedad internacional de Adyar en la India, si quieren que esa estructura funcione correctamente, basándose en verdaderos principios democráticos y transparentes, tendrán que entender que el funcionamiento apropiado de la Sociedad sólo puede conseguirse si quienes difieren de la opinión de la administración y desean hacer cambios o investigar delitos, pueden hacerse oír sin ser ridiculizados o tener que arriesgarse a ser expulsados.

Que las medidas anunciadas durante el último Consejo General para tratar  algunos agravios y críticas den algún resultado, todavía está por ver. Hasta ahora, estas iniciativas parecen insuficientes, son demasiado pequeñas y llegan demasiado tarde.

 




Radha Burnier, recibiendo flores durante la presentación de un libro.

Radha Burnier no fue mi candidata durante las elecciones del 2008. Como algo totalmente legítimo dentro del marco de una organización democrática, como dice ser la ST de Adyar, en oposición a su Escuela Esotérica, que no es una institución democrática, yo discrepo con ella en muchos temas. Algunas de las personas de las que se ha rodeado hoy en día me preocupan mucho, porque el fantasma de la ambición es muy insidioso. A pesar de esto, entiendo que se la eligió democráticamente. Sin ningún resentimiento contra ella, al contrario, la respeto por sus largos años de entrega y de servicio y admiro su disciplina personal y su agudo intelecto. Pero no tengo  otra opción sino rechazar su inflexibilidad y poca disposición para escuchar realmente a quienes tienen puntos de vista distintos a los suyos.

* El artículo apareció en “la Atalaya.” También se publicó en la web de la Sociedad de Adyar, pero se borró posteriormente.

http://www.theosophicalsociety.gr/aikya/Watch-Tower_OCT.10.pdf

Link to English version:
http://www.theosophyforward.com/index.php/the-society/392-dilma-rousseff-and-radha-burnier.html

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