Clarisa Elósegui -- Espaňa

A la pregunta ¿Cómo podemos hacer de la Teosofía una fuerza viva en nuestro mundo?, podríamos responder de forma sencilla que ello es sólo posible desde nuestra propia vivencia de la Teosofía. Pero la comprensión de esto requiere una profunda reflexión y, tal reflexión, es apenas posible transmitirla en unas pocas líneas, aunque, lo intentaremos.

Con frecuencia los miembros preguntan: ¿Por qué no da frutos el estudio que hago de la Teosofía? ¿Por qué llevo tantos años estudiándola y sigo sufriendo ante los acontecimientos que ocurren en mi vida? Otros miembros comprometidos en la difusión de la Teosofía en las Logias hacen la misma pregunta con otro matiz: ¿Por qué es tan difícil “llegar” a los estudiantes? ¿Por qué es tan difícil transmitir la Teosofía y que “toque” en lo profundo a los estudiantes?

Observamos tres factores esenciales en el proceso de asimilación de la Teosofía.

El primero de ellos es la información, entendiendo por información teosófica aquella Sabiduría que nos llega en forma de libros, conferencias, cursos, seminarios, etc. Esta información no debería nunca constituir un “empacho”, es decir, deberíamos dosificarla inteligentemente recordando aquellas palabras: “Leer cinco minutos y meditar media hora a cerca de lo leído”. Incluso esta media hora puede alargarse.  Con demasiada frecuencia el proceso se detiene aquí y, el estudiante se convierte en lo que ha venido a llamarse “los loros de la ST”. No hay corazón en este tipo de transmisión y no llega por lo tanto al corazón de los estudiantes aunque pueda llegar a su cabeza. Quienes se conforman con esta recepción se convertirán a su vez en nuevos “loros”. Quienes buscan más pasarán al segundo factor.


El segundo factor es la cuidadosa y serena reflexión de la información que vamos introduciendo. En esta fase la parte de la información, que es factible de ser puesta en práctica en nuestras vidas, es comparada, poniéndola lado a lado, con nuestras actitudes mentales, emocionales y físicas -actos y palabras-. El resultado de esta comparación es el descubrimiento de aquellas actitudes en nosotros que quedan más o menos lejos del ideal humano –el hombre realizado-, en el que debemos convertirnos, actitudes por lo tanto deben ser cambiadas volitivamente por nosotros.  Quienes viven exclusivamente en su mente acariciarán esas ideas encontrándolas hermosas y tal vez entren en la ensoñación de que ya son seres realizados, pero no pasarán de ahí, creyendo erróneamente que con haber entendido ya está “hecho”. Quienes  viven en mayor equilibrio entre su mente y su corazón pasarán al tercer factor.

El tercer factor lo constituye este cambio continuado, siempre en la medida de nuestra comprensión. Dicho cambio no es otra cosa que la transmutación de nuestro carácter actual llevándolo cada vez más cerca de ser el fiel reflejo de nuestra naturaleza esencial. Estos tres factores constituyen una trinidad. Si falta uno de ellos el proceso no puede completarse.  Con mucha frecuencia el tercero no es llevado a cabo o lo es en pocas ocasiones y con poca intensidad y determinación.

El ser humano sólo puede dar aquello que posee, aquello que forma parte de sí mismo. Cuando hablamos de Teosofía Viva, es a esta dádiva a la que nos estamos refiriendo. Contentarse con ser repetidores incansables de lo que dicen los libros sin haber llevado a la práctica en nuestras vidas aquello que es la mayor riqueza de la Teosofía, no nos convertirá en transmisores de esta preciosa Teosofía.

Es absolutamente imprescindible que todos y cada uno de nosotros nos convirtamos en la expresión  viva de la Teosofía, desde la coherencia entre nuestros pensamientos más íntimos  y cada una de nuestras más sencillas acciones y palabras, en todo lugar y momento, entendiendo por esto que comienza en nosotros mismos, continúa con la familia y se extiende hasta los compañeros, amigos y todos y cada uno de los seres con los que contactamos.

Lamentablemente son muchos los estudiantes de Teosofía que repiten la consabida frase “… es que…, somos humanos..." cuando se excusan por alguna debilidad o error e incluso por algún comportamiento claramente anti-teosófico, incluso entre compañeros,  y con ello se prolonga un comportamiento separativo que contribuye a aumentar el sufrimiento en el mundo cuando, en realidad, deberíamos estar trabajando intensamente para disminuirlo.

Es incómodo hablar de estas cosas y por ello se obvian con demasiada frecuencia, pero, no se puede resolver aquello que se niega o se oculta.

Todos y cada uno de nosotros somos responsables por estado del  sufriente mundo y habremos de ser  amorosos con todos los seres y con todas las cosas actuando inteligentemente  si hemos de contribuir a su mejoramiento. Sólo así haremos de la Teosofía una fuerza viva en el mundo, PORQUE SÓLO LOS HOMBRES Y MUJERES QUE VIVEN LA TEOSOFÍA PUEDEN SER SU FUERZA VIVA.

 

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