Lengua Espaňola

Tocando el Piano con tres Dedos

Jan Nicolaas Kind – Brasil

Unas de las tareas fundamentales en el estudio de la Teosofía es poder pensar por uno mismo y, para aprender a hacerlo, nos dedicamos a ir acumulando información e instrucciones, con el fin de poder iniciar el proceso.

Es como aprender a tocar un instrumento musical. Para muchos, no es algo que venga en bandeja de plata, cuesta años de estudio profundo y  dedicación. Sentado detrás de un piano, nadie sino el propio estudiante puede tocar “el instrumento de instrumentos.” ¿Estamos nosotros realmente estudiando la filosofía esotérica, y, de ser así, la estudiamos, por ejemplo, como si estuviéramos aprendiendo a tocar el piano?

Para muchos es bastante más fácil que piensen los demás o, volviendo a usar la misma analogía, sentarse orgullosamente y muy a la vista de todos detrás de un reluciente Steinway, pero dejar que otra persona toque la melodía.

Hay división en nuestras filas, y los que se sitúan delante para pensar por nosotros nos hacen creer que la Teosofía sólo trata de personas, de su carácter o sus facultades mentales, sus fracasos, sus enfermedades, o incluso su conducta sospechosamente manipuladora. Esos  ardientes pensadores, en su intento por ofrecernos soluciones instantáneas nos dicen que la Teosofía trata de estar a favor o en contra de una persona o grupo, y también de hacer favores y de recibir recompensas por ello. Según una charla intelectualista procedente de un minúsculo contingente de los que se proclaman a sí mismos protectores de la causa y otros oráculos, la Teosofía y su tambaleante vehículo necesitan urgentemente inyecciones de silicona para hacerle un levantamiento. Necesitamos suprimir los Objetivos y sustituir nuestras Ramas por comunidades virtuales y, sobre todo, reunirnos mediante programas de televisión vía cable o por Internet. Debemos lanzar por la borda la mayor parte de nuestras ideas o estructuras e incluso la misma palabra ‘Teosofía’. Algunos, y éstos son los auténticos funestos pensadores, declaran que la Sociedad es un artificio fortificado emocionalmente, que se está desmoronando lentamente… y que pronto estará muerto. Otros dirán que la Teosofía, a los ojos del mundo, es ‘una religión del siglo diecinueve urdida artificialmente’, afirmando erróneamente que es tan vieja como el mundo, y que ahora se ha convertido en un culto.

Junto a la voluminosa literatura Teosófica, también existen otros libros disponibles, a menudo excelentemente escritos, y respaldados por grandes investigaciones y materiales fundamentados, que tratan temas típicos de la Teosofía. Es una lástima que dichos autores estén haciendo el trabajo de pensar por nosotros, y nunca lleguen a la esencia de las enseñanzas. El resultado es que a pesar de todo el duro trabajo, se han dado descripciones defectuosas y fragmentadas de lo que son la Sociedad y la Teosofía. Para usar el tema de este artículo una vez más, con demasiada frecuencia estas publicaciones bien intencionadas terminan siendo nada más que vanas tentativas como la de un estudiante de piano de primer curso tocando el segundo concierto para piano de Rachmaninoff, una de las piezas musicales más complicadas que jamás se ha escrito, con sólo tres dedos, algo que, naturalmente, no puede hacerse. La música podría parecerse algo a la de Rachmaninoff, pero habría una horrible disonancia y todo el panorama y la riqueza musical tristemente no se encontraría.

La ignorancia, una carencia completa de sabiduría y compasión, nos ha llevado al punto en el que estamos hoy. Una organización que habla de la fraternidad, de la tolerancia, de la libertad de pensamiento, del desapego, de la humildad y el altruismo, se ha convertido en un patio de recreo para egos engreídos, proclamando todos ellos verdades, en lugar de buscarla, criticando e insultando con severidad a quienes se atreven a levantarse y formular preguntas.

El mundo es como es porque nosotros somos como somos, y la Sociedad es como es porque nosotros somos como somos. Si hay egoísmo, es porque nosotros somos egoístas, si hay división, es sólo porque ya estamos divididos en nuestro interior, y si fracasamos, es nuestro fracaso colectivo, y no el de la Sociedad. Si hay dogmatismo, abuso de poder, y nepotismo bajo el estandarte del vehículo, no podemos culpar a nadie, sino a nosotros mismos; hemos permitido que esto suceda, sin haber tomado la acción apropiada.

No podemos cambiar nada significativo porque afirmemos saber qué es lo mejor para la Sociedad o porque queramos que las cosas cambien, lo deseemos y roguemos por ello. El verdadero cambio sólo emerge cuando existe una profunda comprensión.

Una de las maneras para llegar a la comprensión es respirar profundamente, estarse quieto, en silencio y, sobre todo, estudiar y aprender. No debemos seguir ciegamente las instrucciones que se nos han transmitido durante nuestra búsqueda,  sino que hemos de tomarlas solamente como señales a lo largo del camino.

Aprender a pensar por uno mismo es un proceso, a menudo doloroso, que dura toda la vida, pero se puede conseguir. Después de algún tiempo, de auto-sacrificio, y de un interminable y laborioso camino a través de aquellas maravillosas enseñanzas, será como sentarse otra vez detrás de aquel piano, con el teclado al alcance de la mano, esperando pacientemente el momento en que los dedos toquen suavemente sus teclas de marfil. Entonces habrá armonía y no más disonancia.

http://www.theosophyforward.com/playing-the-piano-with-three-fingers

El 13 de abril de 2009